
Sentirse así es normal. Lo intuyo. Lo sé. Pero no puedo evitarlo. A pesar de todo, lo sabía. Lo veía venir. Sabía que llegaría. Pero no me importa. Porque no importa. Y no pasa nada. Porque la vida es eso que pasa en medio, entre el momento en que empiezas algo y cuando te das cuenta de que acabará. Pero ese “entre tanto” es lo que importa. Esos momentos en que ni siquiera piensas, en que no razonas, en que nada importa. Al final, eso es lo que prevalece, es lo que recuerdas. El resto son meros trámites para seguir viviendo. Y no pasa nada.
Ese momento en que un pinchazo te destroza por dentro al saber que ya está, que la historia no tiene más recorrido, te vuelve del revés y te preguntas por qué no puede durar un poco más. Ha sido demasiado corto, ¿por qué no puede durar un poco más? Pero luego piensas en las personas que ya no están aquí y sabes que no es justo lo que estás haciendo. Ha sido corto, pero intenso. Y sigues aquí. Volverá a pasar. Y si no, ¿estarás feliz con la vida que veas pasar al morir? Si es así, sonríe. Es suficiente. Es lo que importa. Y no pasa nada.
Sentirse así es normal. Ahora intuyo que te irás. Lo sé. Pero no puedo evitarlo. A pesar de todo, lo sabía. Lo veía venir. Sabía que llegaría. Sabía que te marcharías. Desde el principio. Lo sabía. Porque es lo que tiene que pasar. Lo que pasa. Pero no me importa. Porque no importa. Porque la vida es eso que pasa en medio, entre el momento en que empiezas algo y cuando te das cuenta de que acabará. Y no pasa nada.